La planificación dentro de la
Administración es una de las de las etapas del proceso más importante. Implica
que primero ante todo se piensa, todo se inicia desde la mente. Las grandes
ideas surgieron de la visualización de una persona en su cabeza.
Focalizar el objetivo es la etapa
principal de toda Administración, tanto de Empresas como de índole personal. Si
no determinamos la meta, nunca podremos llegar a alcanzarla. Lo imprescindible
de esto es ¿Dónde estamos? Y ¿A dónde queremos llegar?
La planificación determina el
camino, nos delimita el marco por el que luego vamos a movernos, pero también
nos impulsa a la acción. Porque esta acción está dada por un objetivo a
conseguir. Todos nosotros tenemos objetivos individuales a grandes rasgos,
metas y sueños que queremos alcanzar en el futuro. La clave está en saber
determinarlos para poder llegar a ellos.
Por lo tanto, la planificación
guarda una estrecha relación con los objetivos, y para establecerlos, primero
debemos enfocarnos en crear nuestra propia visión y misión personal. La visión
empresarial es un concepto que engloba la misión, es algo así como el qué
queremos ser y el qué somos. La visión es un término más general y espontáneo,
no está delimitado por una estructura sino que es dónde nos vemos o a dónde
queremos apuntar. En cambio la misión es más explicativa, es una serie de
características, una especie de fotografía de nosotros mismos.
Generalmente, las empresas dan a
conocer sus misiones porque es el reflejo de su estructura organizacional y de
por qué fueron creadas. Así por ejemplo, la misión de Nike es “Traer la
inspiración y la innovación a todos los atletas en el mundo. Si usted tiene un
cuerpo, es un atleta” mientras que la declaración de Adidas es “Fabricar y
comercializar ropa deportiva a nivel nacional e internacional. Y ofrecerles a
nuestros clientes productos de alta calidad, para así cumplir con las
necesidades de nuestros clientes ofreciéndoles mayor comodidad y confort”.
Ambas empresas comercializan marcas deportivas, y aún así la misión no es la
misma. La primera aduce una fuerte tendencia abstracta a incluir a todos los
que la lean en su ámbito de mercado, es decir, Nike produce y vende para vos,
para mí y para todos. Todos somos atletas. Refleja un alto grado de innovación
y de la búsqueda de la originalidad. En cambio Adidas demuestra una especial
atención a la calidad como factor preponderante de sus productos. Alta calidad
para poder cumplir con las necesidades de sus clientes, ya no somos todos, sino
sólo aquellos que buscan comodidad y calidad en el deporte. Esto significa que
cada misión es única y propia, que da un carácter de identidad a quien la porta
y que establece las bases de la cultura empresarial. En nuestro caso, la misión
que formulemos para nuestra vida, es el objetivo máximo al que vamos a apuntar
y es el marco que nos va a determinar los límites de nuestras propias acciones.
Tener una misión de vida es importante porque es la que nos va a dar el rumbo
fijo a seguir, de la cual se desprenden el resto de objetivos, planes,
políticas y estrategias.
Así, un ejemplo de misión
personal puede ser “Ser una persona de
bien en todos los aspectos de mi vida, desarrollándome siempre desde lo
proactivo y buscando soluciones optimistas a cada circunstancia que se me
presente”
Es bueno pensar una misión
personal porque requiere que nos sentemos a deliberar cuál es nuestro objetivo
máximo. Qué lema vamos a ponernos como estandarte a seguir todos los días. Mi
recomendación es pensar en nuestra misión y escribirla en un lugar donde la
podamos ver a diario, para que nos recuerde constantemente hacia dónde estamos
caminando.
La visión por otro lado, es la
manera en la cual vamos a lograr la misión en nuestra vida. Algunas empresas la
corresponden como “ser una empresa reconocida mundialmente”, “posicionarse en
el mercado competitivo o mercado meta”, u otros conceptos similares o muy
distintos. Nuevamente, la visión es correspondiente a cada caso particular, y
si bien pueden ser similares, encierran una concepción de la realidad totalmente
distinta una de la otra. También hay que recordar que la visión es más general
que la misión, por lo tanto primero se define qué nos gustaría, y luego se
parte de lo que somos y de lo que queremos ser todos los días. Así la visión
que yo puedo proyectarme sería la de por ejemplo “Ser una mujer reconocida y valorada tanto en el ámbito familiar,
personal como laboral; destacándome como madre, esposa, amiga, y profesional”
Es decir, en términos personales
la visión es ciertamente la expresión de un deseo. Me gustaría ser una buena
profesional, pero como misión tengo que desarrollar capacidades todos los días.
Uno es el deseo, el otro es más concreto, es el camino a seguir. Podríamos
hablar desde la perspectiva personal, que la visión es el destino y la misión
es la escalera que nos lleva a él.
Una vez que nos hemos delimitado
tanto la visión como la misión, el resto deviene solo. Los objetivos que nos
vayamos planificando para llevar a la acción siempre van a estar englobados en
lo general que antes hemos expuesto. Nunca vamos a saltar con un objetivo que
sea “salir a robar un banco” si hemos correspondido a la misión anterior. Todo
por lo tanto se dibuja bajo ese marco aceptable. Los objetivos a su vez serán
pequeños escalones a alcanzar para llegar a la visión. Pero para saltar esos
escalones, antes nos es necesario formular estrategias, y ahí partimos con el
concepto anterior de enunciar estrategias para darnos un rumbo y no para
acartonar nuestros movimientos. Finalmente, las estrategias siempre van a estar
acompañadas de planes, rutinas, políticas, que vamos a ir flexibilizando de
acuerdo a nuestras necesidades. Todo en pos de aquello que buscamos alcanzar en
nuestras vidas, que a grandes rasgos tiene que ver con el hecho de llegar a ser
personas completamente plenas y felices.

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